jueves, 29 de abril de 2010
La revolución agrícola: la revolución que nunca llegó al campo español del siglo XIX (4ºB: imprímelo y guárdalo en tu archivador)
En el tema de la Revolución Industrial estuvimos viendo el importante papel jugado por la agricultura. La mecanización de las labores agrícolas supuso, por una parte, la posibilidad de acumular capitales que serían vitales para realizar las inversiones necesarias en la industrialización y, por otra parte, supuso la demanda de maquinaria.
En España, el proceso de mecanización se dio pero, tal como ocurrió con la población, el proceso va a ser más corto que en los países punteros de la industrialización. Este menor desarrollo de la mecanización tiene su origen en algunos problemas que le son propios:
-el problema de la propiedad de la tierra: el minifundio y el latifundio.
-los campesinos sin tierra: la mayoría de los campesinos están sumidos en una profunda
pobreza y trabajan como jornaleros.
-las tierras en desuso: existen muchas hectáreas sin cultivar.
-los grandes propietarios absentistas: los grandes propietarios no están al frente de sus
explotaciones.
El problema de la propiedad es genuinamente español y tiene su origen en la Reconquista, donde nacerá el minifundio del norte y el latifundio castellano y andaluz. En gran parte de España, la propiedad de la tierra estaba concentrada en pocas manos y la consecuencia inmediata de esto era la baja productividad.
Los liberales intentarán subsanar estas dificultades mediante dos desamortizaciones: la de Mendizábal (1836) y la de Madoz (1855). Con ellas, aparentemente se pretendía expropiar las tierras en desuso, hacer un reparto de las mismas y, con ello, solucionar el problema de los campesinos sin tierra, poner toda la tierra en cultivo y poner fin a la escasa productividad del campo español. Pero la realidad de las desamortizaciones estuvieron bien lejos de esos logros.
Tras las desamortizaciones la tierras se sacaron a subasta y la propiedad de las mismas, lógicamente, recayó, no en los jornaleros, sino en los campesinos acomodados y en la burguesía. En una subasta era prácticamente imposible que un campesino sin tierra llegase a comprar una propiedad, por lo que no se solucionó el problema de la concentración de las propiedades y las desamortizaciones solo sirvieron para que las tierras cambiasen de manos.
Esto ocurrió así debido a que el Estado, acuciado por una enorme deuda pública, utilizó en realidad las desamortizaciones, no para resolver los problemas antes mencionados, sino para aliviar las arcas públicas con los ingresos de la venta de las tierras.
Es cierto que, a raíz de las desamortizaciones aumento la producción agrícola en España, pero no como consecuencia de un aumento de la productividad fruto de un mayor rendimiento, sino como consecuencia directa de que aumento la superficie cultivada, ya que se pusieron en cultivo tierras antes en desuso. Y la productividad no aumentó por dos motivos:
-El primero paradójicamente fue consecuencia de los propios procesos desamortizadores:
seguía existiendo una abundantísima mano de obra jornalera muy barata y que no estimulaba
la inversión necesaria para mecanizar las tareas agrícolas.
-El segundo fruto de la política estatal proteccionista. Los productos agrícolas de un campo
español no mecanizado no podían competir con los productos extranjeros y, para evitar esa
competencia, en lugar de estimular la mecanización, el gobierno español se limitó a dictar
leyes proteccionistas. Así, libres de la competencia los propietarios españoles no se vieron
presionados para mecanizar sus explotaciones para mantener sus beneficios.
En definitiva, las desamortizaciones tampoco sirvieron para ayudar a la modernización, mecanización y competitividad del campo español, y la revolución agrícola no llegó a producirse.
En España, el proceso de mecanización se dio pero, tal como ocurrió con la población, el proceso va a ser más corto que en los países punteros de la industrialización. Este menor desarrollo de la mecanización tiene su origen en algunos problemas que le son propios:
-el problema de la propiedad de la tierra: el minifundio y el latifundio.
-los campesinos sin tierra: la mayoría de los campesinos están sumidos en una profunda
pobreza y trabajan como jornaleros.
-las tierras en desuso: existen muchas hectáreas sin cultivar.
-los grandes propietarios absentistas: los grandes propietarios no están al frente de sus
explotaciones.
El problema de la propiedad es genuinamente español y tiene su origen en la Reconquista, donde nacerá el minifundio del norte y el latifundio castellano y andaluz. En gran parte de España, la propiedad de la tierra estaba concentrada en pocas manos y la consecuencia inmediata de esto era la baja productividad.
Los liberales intentarán subsanar estas dificultades mediante dos desamortizaciones: la de Mendizábal (1836) y la de Madoz (1855). Con ellas, aparentemente se pretendía expropiar las tierras en desuso, hacer un reparto de las mismas y, con ello, solucionar el problema de los campesinos sin tierra, poner toda la tierra en cultivo y poner fin a la escasa productividad del campo español. Pero la realidad de las desamortizaciones estuvieron bien lejos de esos logros.
Tras las desamortizaciones la tierras se sacaron a subasta y la propiedad de las mismas, lógicamente, recayó, no en los jornaleros, sino en los campesinos acomodados y en la burguesía. En una subasta era prácticamente imposible que un campesino sin tierra llegase a comprar una propiedad, por lo que no se solucionó el problema de la concentración de las propiedades y las desamortizaciones solo sirvieron para que las tierras cambiasen de manos.
Esto ocurrió así debido a que el Estado, acuciado por una enorme deuda pública, utilizó en realidad las desamortizaciones, no para resolver los problemas antes mencionados, sino para aliviar las arcas públicas con los ingresos de la venta de las tierras.
Es cierto que, a raíz de las desamortizaciones aumento la producción agrícola en España, pero no como consecuencia de un aumento de la productividad fruto de un mayor rendimiento, sino como consecuencia directa de que aumento la superficie cultivada, ya que se pusieron en cultivo tierras antes en desuso. Y la productividad no aumentó por dos motivos:
-El primero paradójicamente fue consecuencia de los propios procesos desamortizadores:
seguía existiendo una abundantísima mano de obra jornalera muy barata y que no estimulaba
la inversión necesaria para mecanizar las tareas agrícolas.
-El segundo fruto de la política estatal proteccionista. Los productos agrícolas de un campo
español no mecanizado no podían competir con los productos extranjeros y, para evitar esa
competencia, en lugar de estimular la mecanización, el gobierno español se limitó a dictar
leyes proteccionistas. Así, libres de la competencia los propietarios españoles no se vieron
presionados para mecanizar sus explotaciones para mantener sus beneficios.
En definitiva, las desamortizaciones tampoco sirvieron para ayudar a la modernización, mecanización y competitividad del campo español, y la revolución agrícola no llegó a producirse.
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