El PLAN DE TRABAJO de las asignaturas permanece inalterable.

El PLAN DE TRABAJO de las asignaturas permanece inalterable.
Os dejo aquí abajo información de cada asignatura para seguir lo mejor posible con el plan previsto. Los exámenes programados se harán en las fechas previstas. Se irá dejando aquí en el blog el plan de trabajo correspondiente a cada día.

Calificaciones aquí en el blog.

El poner las notas aquí en el blog viene para dar respuesta a dos necesidades: la primera que el alumno tenga su nota cuanto antes (no solo es de agradecer, sino que, además, hace que la nota sea verdaderamente útil); y la segunda para que los padres, sin duda, también sepan, lo antes posible y a tiempo, cómo marchan sus hijos.

Es por esto que se ruega que no se hagan circular por otros lugares y otros modos para evitar que se saquen de contexto.

No obstante, si alguna familia tiene problemas con conocer las notas de su hijo por anticipado aquí en el blog, no tiene más que hacérmelo saber.

sábado, 1 de marzo de 2014

Todo es posible.

No lo dudéis: difícilmente podremos olvidar el fin de semana pasado. Seguro que formará parte de esos recuerdos recurrentes que saldrán a relucir siempre en cualquier reunión familiar o en los encuentros ocasionales con los amigos.

El finde comenzó cuando el viernes nos acercamos para recoger el dorsal a la feria del corredor. La última maratón de Sevilla que corrí fue la del 2011 y, nada más entrar en FIBES, percibimos que esto era otra cosa, nada que ver con la tradicional recogida de dorsales en el Estadio Olímpico. Fue un placer contactar con Manuel Rodríguez y con Daniel Quintero (de New Balance y de la organización del Maratón respectivamente) y poder agradecer a ambos el interés que se tomaron con Pablo y conmigo. Sinceramente, lo que más me llamó la atención desde el principio fue el desinterés con que actuaron con nosotros. Cuando nos volvíamos para casa, nos íbamos con la sensación de que habíamos conocido a gente que merecía la pena.

 Al día siguiente, nos pasamos todo  el sábado preparando las cosas: ultimando compras, viendo cómo abrigar bien a Pablo, poniendo a punto el carro, preparando la mochila, fabricando el dorsal de Pablo, preparando las bicis con las que nos iban a acompañar mis otros hijos para ayudarnos en la logística con Pablo,… Vamos, que dejamos preparados hasta el último imperdible. ¿Nervios? Pufffffff, como en ninguna ocasión anterior. ¿La noche? Fatal. Vulneré todo lo vulnerable: me acosté tarde, cené mal y dormí fatal.

 Y, como no podía ser de otro modo,  llegó el, digamos, día D: el día en el que el contador de mis blogs marcaba 0 días para la Maratón de Sevilla. Los miedos empezaron a disiparse: el día estaba definitivamente despejado (fundamental para que Pablo pudiera venir que no lloviese), Pablo se encontraba bien y yo también. Desaparecían los fantasmas e incertidumbres que, como sabes, tienen todos los que se enfrentan a una Maratón. Ya solo nos quedaban dos incertidumbres: saber si yo iba a aguantar los 42 km y si Pablo iba a aguantar las casi cinco horas que, si todo iba bien, echaríamos para completarlos.

 Pablo y yo, acompañados por dos de mis hijas, Miriam y Ana, llegamos a la Cartuja con el tiempo más justito de la cuenta (8:40), metimos a Pablo en su saco de dormir, lo subimos al carro y nos dirigimos a la salida. Qué nervios. Ana, la pequeña, iba temblando en su bici.

 Por fin, la carrera echó a andar. Pablo empezó a espabilarse, como si ya notase que este día era diferente. Las hermanas lo llamaban permanentemente y lo animaban, yo le cantaba y pronto él comenzó a respondernos con esas risas y gritos que nos hacen ver que se lo está pasando en grande. Comenzamos a disfrutar.

 Kilómetro a kilómetro todo fue transcurriendo poco a poco. Conseguimos marcar desde el principio un ritmo cansino de 7 minutos por km; cansino, pero, sin duda, una de las claves del éxito final. Bueno, pero además de cansino, ese ritmo lento nos ayudó, cómo decir, nos ayudó a saborear cada momento, cada calle, cada kilómetro. Nos ayudó a saborear y paladear la carrera.

 Todos los corredores nos animaban y la gente aplaudía a nuestro paso, lo que hacía que Pablo chillase todavía más. Era increíble cómo Pablo iban pasando los kilómetros y no cesaba de chillar y reir. Daba auténticos botes en su silla de ruedas. Por momentos, lo veía tan feliz que incluso se me saltaban las lágrimas.

 A eso de las once y media más o menos llegamos a Kansas City, donde vivimos, allí nos esperaba toda la familia y muchos de los amigos que tenemos en la parroquia de al lado de casa. Las risas, las bromas, qué decir. Era el momento que habíamos previsto para aprovechar a que nos ayudasen a sacar a Pablo del saco de dormir y para que me dieran un masaje con crema de calor que me ayudase a retrasar las molestias que poco a poco comenzaban a hacer presencia en mis piernas.

 Cinco minutos y reanudamos la marcha. Mario, mi hijo mayor, relevó a Ana y avanzamos Kansas City arriba. Curioso: a Pablo el parón no le gustó nada y dejó de chillar y reír. Pero eso duró poco: al pasar por la media maratón, volvieron el jaleo, el ruido, los aplausos y Pablo se activó de nuevo. Mario, Miriam y yo no dejábamos de cantar y Pablo nos acompañaba a su manera con Más risas, más gritos, más botes,…

 Era curioso: íbamos liando tanto jaleo que la gente terminaba animándose a nuestro paso. Cuántas miradas y cuántas sonrisas a nuestro paso: estaba claro que nuestra felicidad se contagiaba.

 Pero claro, como sin sal el cocido no tiene gracia, hacia el km 30 comenzaron las molestias “importantes”, la rodilla derecha comenzó a resentirse y tuve que ir forzando mucho más las posturas a la hora de empujar el carro, hasta el punto que terminé los últimos kilómetros volcado en la silla. Fueron los momentos más duros.

 Recuerdo que en el km 35 era yo el que le pedía a Pablo: Pablo, hijo, Pablo, grita, grita, grita… Sus gritos y sus risas irradian tanta felicidad que son el mejor de los bálsamos. Es como correr dopado.

 Conforme nos acercábamos al Estadio Olímpico, mi sufrimiento se mezcló con la emoción: el reto no solo era posible, sino que Pablo estaba pletórico.

 La entrada en el estadio, increíble. Nunca olvidaremos esa vuelta a la pista y ese enfilar la recta de meta cogiendo las manos de Pablo y gritándole: ¡¡¡¡¡Pablo, que hemos llegado, que hemos llegado, que hemos llegado!!!!!! ¡¡¡¡¡Que lo hemos conseguido!!!!!!!!!!

 Cuando atravesamos la meta ya no pude más y le di un abrazo casi asfixiante y rompí a llorar como un niño chico. Habíamos cumplido un sueño: ¡¡¡¡¡¡Una maratón juntos!!!!!! ¡¡¡¡¡Mi hijo había cumplido su primera maratón!!!!! ¡Y cómo se lo había pasado! Se lo había pasado tan bien que, a pesar de la dificultad que para él le supone el hecho de mantenerse sentado derecho…. ¡¡¡¡¡¡no se había caído ni una sola vez en todo el recorrido!!!!!!! Era la señal evidente, evidente, evidente, de que había estado a gusto y que lo había disfrutado. Nunca hasta ahora había estado tanto tiempo bien, bien sentado.

 Una cosa puedo asegurar a todos: tengo la suerte de conocer a la persona que se lo pasó mejor el domingo; se llama Pablo. Es más, también conozco a la segunda: se llama José Manuel. Lo siento, pero ni el ganador de la prueba nos puede arrebatar ese premio.

 Por todo esto, la primera palabra que se me viene a la mente es GRACIAS. Gracias a todos los que nos apoyaron para conseguir un dorsal; gracias a todos los que nos animaron durante la carrera; gracias a todos los corredores participantes que también nos animaron y ayudaron; gracias a todos los voluntarios que se volcaron con nosotros; gracias a los fisios que, con su buen hacer, han facilitado mi recuperación tras la carrera.

 Gracias a la organización y a New Balance, en las personas de Daniel y Manuel respectivamente, no ya porque nos ayudaron, sino porque lo hicieron sin interés alguno, por lo que tienen mi más sincero reconocimiento.

 Gracias a mis amigos, a mi familia, a mis hijos y mi mujer, que sabían como nadie la ilusión que teníamos puesta en esta carrera.

 Y gracias a Dios, que un día nos hizo un enorme regalo poniendo a Pablo en nuestra vida. Pablo, ese eterno bebé, es el ángel de nuestra casa al que nunca podemos dar tanto como nos da él a nosotros. Él es una auténtica escuela en la que aprendemos cada día qué es lo que es importante y qué es lo que no merece la pena. Gracias por todas las satisfacciones que nos da. Su sonrisa, su risa y su mirada son indescriptibles y te llenan como pocas cosas pueden hacerlo.

 Por eso, puedo asegurar que lo que hemos hecho puede admitir el calificativo de “poco común”, sí, porque desde luego es obvio que es poco frecuente: de los 9000 participantes solo había uno empujando una silla de ruedas. Pero, por lo demás, no es nada extraordinario: creo que cualquiera de los atletas participantes habría hecho lo mismo, porque con Pablo se disfruta tanto, verlo feliz te reporta tanto que empujar el carro es un verdadero placer. Por otra parte, el domingo los que nos vieron solo vieron a un padre haciendo lo que más le gusta en el mundo: hacer feliz a su hijo, y esto, gracias a Dios, creo que todavía no es nada extraordinario.


 Todavía, en este momento, se me saltan las lágrimas redactando estas líneas. GRACIAS a todos los que nos han ayudado a vivir un día tan especial que recordaremos siempre. GRACIAS a todos los que han compartido esta historia y que han hecho que a tanta gente Pablo les arranque una sonrisa.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Precioso Maestro ..... :D

PD: Porfa publica esto en tu blog, es lo que ocurre cuando mezclas dibujo, historia y música !!

http://www.youtube.com/watch?v=b4k-0S9cNZ4

Rafa Ruiz