El PLAN DE TRABAJO de las asignaturas permanece inalterable.

El PLAN DE TRABAJO de las asignaturas permanece inalterable.
Os dejo aquí abajo información de cada asignatura para seguir lo mejor posible con el plan previsto. Los exámenes programados se harán en las fechas previstas. Se irá dejando aquí en el blog el plan de trabajo correspondiente a cada día.

Calificaciones aquí en el blog.

El poner las notas aquí en el blog viene para dar respuesta a dos necesidades: la primera que el alumno tenga su nota cuanto antes (no solo es de agradecer, sino que, además, hace que la nota sea verdaderamente útil); y la segunda para que los padres, sin duda, también sepan, lo antes posible y a tiempo, cómo marchan sus hijos.

Es por esto que se ruega que no se hagan circular por otros lugares y otros modos para evitar que se saquen de contexto.

No obstante, si alguna familia tiene problemas con conocer las notas de su hijo por anticipado aquí en el blog, no tiene más que hacérmelo saber.

domingo, 2 de marzo de 2014

Todo es posible.

No se enciende una lámpara para ocultarla bajo el celemín, sino para ponerla sobre el candelero y que ilumine a todos los que están en la casa (Mt 5, 15).

Ése es Pablo: un ángel que se nos ha enviado para iluminar nuestras vidas. Gracias a él se sabe lo que vale y lo que no merece la pena. Este solo pensamiento arranca un profundo suspiro de mi pecho mientras voy corriendo.

En estos días, es fácil verme con los ojos vidriosos de vez en cuando y es que todavía se me saltan las lágrimas cada dos por tres recordando lo vivido durante la maratón del domingo pasado. ¡¡¡¡¡Corrimos la maratón completa!!!!!

Hoy voy corriendo solo y lo echo de menos, echo de menos esa forma tan especial que tiene de volverse hacia atrás y mirarme y sonreír. Pero hoy no puede ser: corro por una carretera estrecha que va paralela a la playa y no hay sitio para la silla de ruedas. Así, que me pongo a disfrutar repasando todo lo que hemos vivido, comenzando por lo ocurrido el sábado pasado, antes de la carrera.

¿Nervios? ¡¡¡¡Todos!!!! Pufffffff, como en ninguna ocasión anterior. ¿La noche? Fatal. Vulneré todo lo vulnerable: me acosté tarde, cené mal, dormí fatal y tuve que tomar un almax para no vomitar. A las seis de la mañana sonó el despertador: había llegado el día, el día en el que el contador de mis blogs marcaba 0 días para la Maratón de Sevilla. Ya solo nos quedaban dos incertidumbres: saber si yo iba a aguantar los 42 km y si Pablo iba a aguantar las casi cinco horas que, si todo iba bien, echaríamos para completarlos.

Pablo y yo, acompañados por dos de mis hijas, Miriam y Ana, llegamos a la Cartuja con el tiempo más justito de la cuenta , metimos a Pablo en su saco de dormir, lo subimos al carro y nos dirigimos a toda prisa a la salida. Qué nervios. Ana, la pequeña, iba temblando en su bici.

El aire húmedo del mar me da en la cara y sigo corriendo. Me parece mentira estar corriendo cinco días después. No me he lastimado, pero tengo que tener cuidado: no sería la primera vez que me lastimo después de un esfuerzo importante. Tengo que secarme un par de lágrimas cuando recuerdo cómo se lo pasó Pablo…

Por fin, la carrera echó a andar. Pablo empezó a espabilarse, como si ya notase que este día era diferente. Las hermanas lo llamaban permanentemente y lo animaban, yo le cantaba y antes de que nos diésemos cuenta él comenzó a respondernos con esas risas y gritos que nos hacen ver que se lo está pasando en grande. Comenzamos a disfrutar. Verlo disfrutar no puede describirse con palabras: es algo maravilloso.

Kilómetro a kilómetro todo fue transcurriendo poco a poco. Conseguimos marcar desde el principio un ritmo cansino de 7 minutos por km; cansino, pero, sin duda, una de las claves del éxito final. Bueno, pero además de cansino, ese ritmo lento nos ayudó, cómo decir, nos ayudó a saborear cada momento, cada calle, cada kilómetro. Nos ayudó a saborear y paladear la carrera.

El mar está hoy revuelto. Y sigo avanzando viendo el ritmo de mis zapatillas, esas que nos acompañaron el domingo, unas de esas que nos regalaron. Parece mentira. Siento que voy corriendo y que se me escapa una sonrisa cuando recuerdo a la gente que nos veía…

Todos los corredores nos animaban y la gente aplaudía a nuestro paso, lo que hacía que Pablo chillase todavía más. Era increíble cómo iban pasando los kilómetros y Pablo no cesaba de chillar y reír. Daba auténticos botes en su silla de ruedas. Por momentos, lo veía tan feliz que incluso tenía que hacer un esfuerzo para contener las lágrimas de la emoción. Todavía me costaba creer lo que estábamos viviendo.

A partir del km 19 Mario, el hermano mayor de Pablo, sustituyó a Ana. Era curioso: íbamos cantando todo el rato y liando tanto jaleo que la gente terminaba animándose a nuestro paso. Cuántas miradas y cuántas sonrisas a nuestro paso: estaba claro que nuestra felicidad se contagiaba.

Sigo corriendo y pienso que sería imposible contar cuánta gente nos aplaudió, nos animó, nos sonrió. Pero eran sonrisas diferentes a las de costumbre. Cuando por las tardes salimos a correr, todo el mundo nos mira, pero lo hacen tímidamente, como sin atreverse. Pero en el maratón todo fue diferente: la gente nos miraba abiertamente y sus rostros sonreían reflejando la felicidad que nosotros mismos sentíamos. Yo me encontraba exultante: todo el mundo disfrutaba con nosotros.

La vida de Pablo tenía sentido: Pablo provocaba la sonrisa en todos. Ver cómo hizo feliz a tanta gente me hace sentirme como un padre feliz. Se me vuelven a saltar las lágrimas. Y es que creo que Pablo es un trozo de Cielo aquí en la tierra. Nadie es más sincero. Nadie da tanto como Pablo en un instante con una sola sonrisa, con una risa, con un gesto, con un grito. Miro el cronómetro: treinta minutos. Toca dar la vuelta y volver sobre mis pasos hasta El Portil. Pero en carrera también hubo momentos duros…

Como sin sal el cocido no tiene gracia, hacia el km 30 comenzaron las molestias “importantes”, la rodilla derecha comenzó a resentirse y tuve que ir forzando mucho más las posturas a la hora de empujar el carro, hasta el punto que terminé los últimos kilómetros volcado en la silla. Fueron los momentos más duros: el fantasma del abandono comenzó a rondarme la cabeza. Aunque ya todo había merecido la pena con solo ver cuánto había disfrutado Pablo. Ahí íbamos por la Plaza de España y el incansable de mi ángel no dejaba de gritar y reír para asombro de tantos.

Hacia el km 35 no podía más y, cuando Pablo se callaba, yo el que le pedía: “Pablo, hijo, Pablo, grita, grita, grita…”. Sus gritos y sus risas irradian tanta felicidad que eran el mejor de los bálsamos. Sus gritos y risas daban sentido a nuestra carrera. Era como correr dopado.

El sol se ha puesto ya y se me presenta un paisaje espectacular: por detrás de las dunas, sobre el mar, el cielo parece de mentira tiñendo de un extraño color las nubes. Me abro la cremallera de la camiseta para refrescarme.

Conforme nos acercábamos al Estadio Olímpico, mi sufrimiento se mezcló con la emoción: el reto no solo era posible, sino que Pablo estaba pletórico.

La entrada en el estadio, increíble. Nunca olvidaremos esa vuelta a la pista y ese enfilar la recta de meta cogiendo las manos de Pablo y gritándole con rabia una y otra vez: ¡¡¡¡¡PABLO, QUE HEMOS LLEGADO, QUE HEMOS LLEGADO, QUE HEMOS LLEGADO!!!!!! ¡¡¡¡¡QUE LO HEMOS CONSEGUIDO!!!!!!!!!!

Cuando atravesamos la meta ya no pude más y le di un abrazo casi asfixiante y rompí a llorar como un niño chico. Habíamos cumplido un sueño: ¡¡¡¡¡¡Una maratón juntos!!!!!! ¡¡¡¡¡Mi hijo había cumplido su primera maratón!!!!! ¡Y cómo se lo había pasado! Se lo había pasado tan bien que, a pesar de la dificultad que para él le supone el hecho de mantenerse sentado derecho…. ¡¡¡¡¡¡no se había caído ni una sola vez en todo el recorrido!!!!!!! Era la señal evidente, evidente, evidente, de que había estado a gusto y que lo había disfrutado. Nunca hasta ahora había estado tanto tiempo bien, bien sentado.

Qué momento. Durante años, albergué el sueño de completar una maratón con él. Pablo supone muchas limitaciones y tantas veces las llevo mal. Pero el domingo… todas las limitaciones se superaron. Fuimos un equipo, padre e hijo disfrutando juntos.

Se me han vuelto a saltar las lágrimas. Dejo atrás la playa de la Bota. Está oscureciendo y avivo el paso. Una cosa puedo asegurar: tengo la suerte de conocer a la persona que se lo pasó mejor el domingo; se llama Pablo. Es más, también conozco a la segunda: se llama José Manuel. Lo siento, pero ni el ganador de la prueba nos puede arrebatar ese premio.

La semana ha sido frenética. No alcanzo a entender todo lo que ha ocurrido. El sábado salimos en El Mundo digital y en el mismo diario en papel. Por la tarde nos quisieron entrevistar para Canal Sur Radio. El domingo y el lunes salimos en Telecinco y en Cuatro. El lunes por la mañana nos pidieron una entrevista para Canal Sur y otra para una emisora de radio. Estábamos abrumados. Por la red, nuestra experiencia se compartía y retuiteaba hasta alcanzar números mareantes. Yo no entendía nada. ¿Qué estaba pasando?

Por una parte, físicamente la maratón era algo más exigente llevando a Pablo, pero, la verdad, no nos engañemos, tampoco era nada del otro jueves. Estoy seguro de que cualquiera de los que la finalizaron también la habrían completado con él. Seguro. Es más, creo que, viendo a Pablo cómo disfrutaba, más bien éramos la envidia de todos los corredores.

Por otra parte, yo solo hice algo que me gusta: correr, y para colmo haciéndolo con mi hijo al que también le encanta. Creo que no hay mérito alguno en esto; antes bien, creo que soy un padre que tiene la suerte de compartir con su hijo una actividad en la que ambos los pasamos genial.

Entonces, ¿qué ha pasado? ¿Por qué tanto revuelo? Solo Dios sabe cómo se ha movido todo. Yo solo sé que lo único que hice fue colgar a final de enero un “gracias” en facebook. A partir de ahí tomaron cartas en el asunto la dirección del Maratón, New Balance, y después la prensa, la televisión y las redes sociales.

Estoy entrando en El Portil y creo que una cosa es lo que ha llamado la atención: que una familia muestre un milagro patente. Que frente a una dificultad de esas que estimamos graves, cual es el tener un hijo con parálisis cerebral, esta familia se ría y disfrute, que presuma de hijo, que se encuentre orgullosa de su Pablo. Y esto es un milagro.

Recuerdo que en el otoño del año ochenta y siete estuve preparando mis primeras oposiciones de Magisterio: era por Educación Especial. Después de preparar el segundo tema, que era el de parálisis cerebral, recuerdo que pensé: “Dios mío, ¿esto no será una señal de que nos estás preparando a Maite y a mí para tener un hijo así, no?”. Y me asusté tanto, que dejé de preparar la oposición.

Vernos ahora decir que Pablo es perfecto y que es de lo mejor que nos ha pasado, que es una bendición y una alegría, que nada puede compararse a la felicidad que él nos hace sentir, que resulta increíble cada noche acostarlo y ver la sonrisa que nos dedica, sonrisa gratis y sin condiciones, vernos decir que es nuestro eterno bebé,… ver todo esto nos lleva a reconocer que algo ha ocurrido. El cambio es un milagro y nos lleva a reconocer que Dios existe.

Pablo es nuestra luz y nuestro candelero. Es el que nos lleva a reconocer que todo es posible en Aquel que nos conforta. Pablo es la señal con la que el Señor ha querido signar a nuestra familia.

Ya es de noche. He llegado al final de mi carrera de hoy. Estirando pienso que la vida de Pablo tiene sentido y la vida de nuestra familia tiene mucho más sentido con él. Me vienen a la mente las caras de tanta gente que sonrió y aplaudió, así como algunos de los miles de mensajes de gente que nos ha dicho cómo disfrutó viéndonos, cómo lloraron, cómo les hizo pensar,… ¡Parece mentira cuánto ha movido este pequeño gesto! ¡Parece mentira cuánto ha hecho posible nuestro pequeño Pablo!

Aunque me he resistido, voy a tener que rendirme: después de los miles de mensajes (a ver si me pongo a intentar leerlos) voy a tener que reconocer que hemos ayudado a alguien y que nuestro correr ha ido mucho más lejos de lo que pretendíamos. Si esto es así, me pregunto si no deberíamos seguir corriendo para que todo el que nos vea sepa que –se me vuelven a saltar las lágrimas- por muy dura que sea la historia, por mucho que creamos que todo es absurdo, TODO TIENE SENTIDO Y TODO ES POSIBLE EN AQUEL QUE NOS CONFORTA.

35 comentarios:

Karnaplosky dijo...

Acojonante tío. No tengo palabras para expresar mi admiración.

Esteban Liñares dijo...

Tus palabras y tu Pablo me han hecho sonreír y llorar, desde la emoción y la felicidad. Sois un ejemplo.

Unknown dijo...

Si el día de la carrera fue increíble, no lo está siendo menos los testimonios que nos llegan. Un privilegio poder ser útil para alguien

Quique dijo...

Un fuerte abrazo y que sigais haciendo cosas juntos. Grandes no, sois enormes y un ejemplo de que la voluntad y el esfuerzo lo consigue todo. Todo un ejemplo a seguir. Gracias por compartir la experiencia y enhorabuena por esa gran FAMILIA.

Mª Angeles Bertos dijo...

Maravilloso. Los dos. La carrera. Todo

Mª Angeles Bertos dijo...

Maravilloso. Los dos. La carrera. Todo

Anónimo dijo...

Felicidades a ti y a Pablo , sois esos héroes anónimos que dia a dia sin pretenderlo ayudais a desconocidos a superar situaciones que hasta que conocieron vuestra aptitud ante la vida pensaban que eran importantes.Gracias por ser como sois y ojala algún dia podamos vernos en alguna Maratón, compartir unos kilómetros con vosotros será un verdadero orgullo.Que Dios os bendiga.Un fuerte abrazo para el Pablo`s Team.

Eva Mª AL dijo...

Felicidades!!!!! al papá por ser como eres con un corazón tan grande por hacer posible con tu hijo Pablo, bonitas palabras, sí señor!!!! me he emocionado y a la vez he sentido lo mismo que tengo yo con mi hija que también tiene lesión cerebral, me ha pasado cosas que antes de tener hijos siempre me ha gustado en ayudar a todas esas personas especiales y mira por donde me ha llegado una hija especial, duro!! muy duro!! pero nos la queremos igualmente, como bien dices los niños especiales son ángeles que nos ha venido hacia la tierra para afrontarnos la vida el día a día pero nuestro corazón (papás) lo tenemos como un puño que nos hacemos fuertes....... Jose Manuel me encantado tu historia!! si pudiera hacer una maratón lo haría yo con mi hija (soy mamá sorda y orgulla de tenerla) aunque mis lágrimas me las guardo en un rincón para que no se dieran cuenta a nadie....... PAPIS ESPECIALES A POR TODO!!!! MUCHO ANIMO!! EVA

Eva Mª AL dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Eva Mª AL dijo...

Jose Manuel!! ves en mi foto del perfil ésa es mi hija, una preciosidad como el tuyo ;-)

Ana María Granados Campos dijo...

Gracias por este artículo. Soy hija, y estoy encantada de que los padres disfruteis tanto o más que nosotros con este deporte.
LLevo varios años corriendo y mamá (Gordi), siempre está ahí.
Desde que me lesioné, ella me llevado al médico y ha hecho lo posible para que pueda seguir practicandolo.
No puedo explicar con palabras lo que siento cuando veo a mamá metros antes de la meta, gritandome esto:
"Vamos Anita, vamos...".
Sólo por eso no me importa lesionarme, ni que a veces los 10km se me hagan como una maratón.
Tengo que terminarla porque ella me estará esperando. Y ahora no sólo a mi, también a mi chico.

Me hubiese encantado compartir ese momento con vosotros.
Un besazo


Anónimo dijo...

Mi mas sincera admiración..¡¡ es hermoso ver, sentir y disfrutar todo lo que usted escribe aquí...un abrazo fuerte a usted y a Pablo.

Enric Corder dijo...

Uffff...impresionante bella,familiar,humana história de un reto más a superar a los que ya deben superar en su familia tantos dias. Orgullo y satisfacción es lo que me ha producido leer su experiência. Felicitats!!

Antonio segura dijo...

No tengo palabras, sois lis autenticos campeones de la maraton

Antonio segura dijo...

No tengo palabras, sois lis autenticos campeones de la maraton

Anónimo dijo...

Yo no os conocía, y tuve la suerte de veros entrar, un regalo inesperado, muchas gracias, una lección de alegría de vivir.

Mónica dijo...

INCREIBLES!!! GRANDES!! he sonreído y llorado leyendo cada palabra...no me puedo a llegar a imaginar, por más que quisiera, los momentazos por los que habéis pasado....pero tus palabras llegan a describir de tal manera la vivencia por la que habéis pasado...que ojala hubiera podido vivir un segundo de esos a vuestro lado....me arrodillo ante vosotros!!!!

Capi dijo...

Que grandes sois. Enhorabuena.

Victor dijo...

Muchas felicidades a ti y por supuesto al gran Pablo. Como padre y como corredor me acabo de identificar mucho con tu historia y me he emocionado ante tu gesto, que tiene una humanidad sin fronteras...El exito que has tenido y la repercusión que ha supuesto son sólo la principal prueba de la magnitud de tu proeza.Un fuerte abrazo a los dos desde Lanzarote!!

ccss4eso dijo...

Un abrazo para todos. Como en la vida no hay alegría sin darse y entregarse, es para nosotros una alegría inesperada el que nuestro pequeño gesto haya dado tantas alegrías.

Anónimo dijo...

Creo q sois un gran ejemplo para mucha gente felicidades y q tengais mucha suerte

Anónimo dijo...

Sin palabras!!

Anónimo dijo...

Sin palabras, simplemente pura admiración, para quitarse el sombrero, gracias a dios existe gente como vosotros que nos recuerda al resto de corredores donde esta la linea de meta

Nara R. dijo...

Gracias por compartir tu hermosa historia con nosotr@s y enseñarnos lo bonita que es la vida cuando un niño hace algo tan simple como sonreír.

Jossia Tarouen dijo...

Testimonio sincero emocionante que me ha hecho llorar desde el principio hasta final. Yo hice mi primera maraton el año pasado y sé lo que se siente, ese padre que lo hace con su hijo y lucha por el es la prueba de amor de un padre por su hijo de las mas bonita.

enhorabuena campeones de verdad!!!

Jossia Tarouen dijo...

Testimonio sincero emocionante que me ha hecho llorar desde el principio hasta final. Yo hice mi primera maraton el año pasado y sé lo que se siente, ese padre que lo hace con su hijo y lucha por el es la prueba de amor de un padre por su hijo de las mas bonita.

enhorabuena campeones de verdad!!!

José Manuel dijo...

Un abrazo para todos. Como en la vida no hay alegría sin darse y entregarse, es para nosotros una alegría inesperada el que nuestro pequeño gesto haya dado tantas alegrías.

Berta dijo...

Sois muy grandes. Me habéis emocionado con cada palabra. Mi más profunda admiración.

Antonio J. Hidalgo Fernández dijo...

Enhorabuena,me he emocionado, dale un abrazo a Pablo y que sepa q tiene un gran PADRE.

SuperPatri dijo...

El amor mueve el mundo y está claro que Pablo mueve vuestro mundo. Seguid compartiendo historias tan bonitas

Anónimo dijo...

GRANDES,es por ejemplos asi por los que creo que DIOS no se a olvidado del ser humano,GRACIAS A LOS DOS


Seño REYES dijo...

¡QUÉ MARAVILLA! Claro que habéis conseguido algo: que la gente deje de quejarse y valore lo que tiene, que la gente viva el momento como único y que la superación depende de uno mismo... ¿Os parece poco?

José Manuel dijo...

Un abrazo para todos.

lola dijo...

Felicidades, a los dos a ese hijo por tener ese padre, y a ese padre por tener ese campeon de hijo. Leyendolo me he emocionado muchisimo, imaginando ese maraton. Me gustaria decir muchas cosas, pero.... me quedo sin palabras. Enhorabuena.....

Buyo dijo...

Como fisioterapeuta dedicado a los niños con parálisis cerebral y como apasionado al maratón que soy, no me queda otra cosa que decir, que no hay nada más sano como ser feliz. Por lo que cuentas Pablo lo fue ese día más que ningún otro y el papá casi igual. No es el hecho de correr tirando de un carro lo que la gente admira, sino el hecho del día a día para llegar hasta ahí y anteponer la felicidad de alguien a tu comodidad. Eso es lo que esboza una sonrisa en la gente. Mi admiración por la familia y a seguir disfrutando con Pablo.