¿Has estado en la Capilla Sixtina? Pincha en la imagen y date una vueltecita sin aglomeraciones...

Nueva página de Selectividad para Historia del Arte.

Se ha renovado la página de Selectividad de Historia del Arte de nuestra web. Actualizada a día de hoy con todas las orientaciones necesarias para la Selectividad de este año 2021.

Roma'2020. Parece mentira....

Roma'2020. Parece mentira....

Calificaciones aquí en el blog.

El poner las notas aquí en el blog viene para dar respuesta a dos necesidades: la primera que el alumno tenga su nota cuanto antes (no solo es de agradecer, sino que, además, hace que la nota sea verdaderamente útil); y la segunda para que los padres, sin duda, también sepan, lo antes posible y a tiempo, cómo marchan sus hijos.

Es por esto que se ruega que no se hagan circular por otros lugares y otros modos para evitar que se saquen de contexto.

No obstante, si alguna familia tiene problemas con conocer las notas de su hijo por anticipado aquí en el blog, no tiene más que hacérmelo saber.

viernes, 21 de enero de 2022

Nuestra vida presente en seis clicks...

 


PRIMER CLIC: SOBRE EL TIEMPO.

Entrando ayer de nuevo en el quirófano, desde la camilla me dio por fijarme en el mismo falso techo de cuadros blancos que veía cuatro meses atrás. ¡Cuatro meses! Desde nuestros ancestros hemos intentado medir el tiempo, como una manera de controlar a quien resulta imposible controlar. ¿Qué es año, qué un mes, qué un día, qué un momento? A veces un año es como un momento y un momento como toda una vida.

 

¿Qué son cuatro meses? ¿Cuánto son? Según mi Garmin todo es medible, cuantificable y uniforme. Pero si algo tengo yo claro es que eso es un mero espejismo, una pretenciosa pretensión, porque el tiempo nunca es igual: lo mismo se acelera que se detiene. En realidad, el tiempo es lo que sucede entre dos cosas que nos pasan. Así de sencillo. El resto es una mera quimera, creer que lo controlamos y dominamos, pura soberbia.

 

¿Qué son cuatro meses para mí? Pues es el tiempo que ha transcurrido entre la operación de la rodilla derecha y la de ayer: la operación de la izquierda. Pues sí, otra vez volver a empezar. Otra vez una pierna vendada desde la punta del pie hasta la ingle.

 

La primera intervención parece que no ha salido mal. Han sido meses primero de sofá, luego de silla con la pierna en el taburete, luego de ejercicios (los que me conocen saben que me aburren como una ostra y que nunca los hacía), de bici estática (alguien me tiene que seducir mucho para convencerme que es lo que tiene de entretenido), de comenzar a caminar. Esta vez me lo he tomado bien en serio, consciente de que con cincuenta y cinco años te juegas mucho.

 

Pero, claro, ahora cuando la normalidad volvía poco a poco, tocó empezar de nuevo, tocó poner el contador de la recuperación a cero. Y eso no es fácil, no.

Pienso que empezar de nuevo en lo que sea siempre es de lo más duro. Quizás sea por eso que los corredores odiamos las carreras que consisten en dar varias vueltas a un mismo circuito: nada como empezar el punto A y terminar en el punto B.

 

SEGUNDO CLICK: SOBRE ILUSIONES Y SUEÑOS.

Las personas necesitamos movernos y dirigirnos a algún sitio. Si no sabemos a dónde vamos, si no tenemos una meta, la vida empieza a desinflarse y comienza a verse como un valor sobrevalorado.

 

Mucho he pensado en estos cuatro meses en ese “moverme a algún sitio”. Cierto que desde mis ventanas se ven Grazalema y la Sierra Norte en el horizonte y que hubiera vendido mi alma al diablo porque me diera el fresco en la cara oliendo a jara. Si no lo digo me crece la nariz, vaya.

 

Pero ¿a dónde quiero ir "de verdad"? ¿Hacia dónde quiero que se mueva mi vida? Tener sueños e ilusiones es algo que nos distingue, que hace persona. Quita a un hombre sus sueños e ilusiones y lo degradas como persona.

 

 

TERCER CLICK: SOBRE UN MILAGRO NO TAN PEQUEÑO.

En estos cuatro meses he vivido un milagro que no esperaba: ¡El encierro lo he llevado bien! Mi hijos no podían creer que pasaran las semanas y papá estuviera tranquilo simplemente leyendo, preparando materiales para los alumnos, subido en la bici estática viendo series en inglés y haciendo ejercicios de piernas, más propios -sirva el eufemismo- de otras edades, que ya he empezado a tomar incluso una pastillita para la próstata . Mi mujer flipaba viéndome salir a sentarme con un libro a la terraza. Bueno, pues yo he flipado también. Conociéndome (mi vida habitual consiste en estar en la calle con Pablo y con Maite unas cinco/seis horas diarias entre el paseo de la mañana y el de la tarde) yo creía que me subiría por las paredes a las primeras de cambio. Haberlo vivido semana tras semana con tranquilidad ha sido toda una sorpresa para mí, un auténtico milagro. Gracias, Señor

 

Cierto que también hemos conocido a gente nueva que me ha hecho la vida más llevadera: al Sr. Amazon que me ha tenido bien surtido de libros a mi gusto. Qué servicial que es el tío. Majísimo y puntual. Cada día me levantaba como un enanillo para ver qué historia me traería.

 

CUARTO CLICK: SOBRE UN CHASCO Y SOBRE CÓMO EL HORIZONTE SE FUE MÁS ALLÁ.

Avanzaba diciembre y físicamente me encontraba cada vez mejor y así llegamos a las fiestas. El mismo día veinte de diciembre el traumatólogo, tras indicar que la recuperación la daba por buena, también daba el visto bueno a la operación de la otra rodilla.

 

Pensamos en descansar unos días en la Sierra, como habíamos hecho tantas veces siendo chicos mis hijos: Navidades en Cazorla. Planazo. El corazón se me aceleraba solo con verlo: cierto que no había plan de caminar, pero bastaba con abrir las ventanas cada mañana para ver las montañas y sentir el olor y el reconfortante calor de la chimenea.

 

Y así fue, aunque... solo en parte. Vivimos una Navidad en familia, eso sí, pero gracias a la visita inesperada del Sr. Ómicron. No era esperado pero lo recibimos todo lo bien que pudimos. Y gracias a él convivimos los siete: una Navidad como la de cuando los niños eran chicos. Y hasta jugamos al bingo. En familia sí, pero de Sierra ni en fotografías.

 

Así que, la operación se retrasó y el encierro en casa se prolongó durante doce días, doce larguísimos e interminables días. Y es que el cambio de ver que podíamos normalizar un poco la vida siquiera fuera diez días por esta nueva clausura…. Uffffffff: cansado, ahora sí, muy cansado.

 

Ayer pasé por quirófano, sí, la rodilla izquierda tenía su pelusilla y hemos decidido darle un poco de cariño también a la pobrecilla. Eso significa que inevitablemente la cosa se alarga y de repente, el horizonte se ha ido más allá… He vuelto al sofá y, he vuelto al dejarme querer. Seguiré rentabilizando la terraza de casa, "mi despachito" como dicen con sorna en casa.

 

QUINTO CLICK: SOBRE CUANDO LAS ILUSIONES Y SUEÑOS SE ENVENENAN.

Y, antes de terminar estas líneas, vuelvo a mirar adentro: ¿A dónde quiero ir? ¿Hacia dónde quiero que se mueva mi vida? Porque, como decía antes, “tener sueños e ilusiones es algo que nos distingue, que hace persona. Quita a un hombre sus sueños e ilusiones y lo degradas como persona”. Sí, pero miro adentro y hay más. Porque los sueños e ilusiones muchas veces vienen envenenados. Son buenos a la vista y excelentes para conseguir sabiduría, y de sueños tengo un mochila que, lejos de irse vaciando, se va llenando con los años. ¿Qué si tengo ilusiones?

 

Me ilusiona correr con Pablo una tarde cualquiera por el carril bici y sin él por los carriles hasta Guillena si se tercia. Me ilusiona ir con Pablo y con Maite cualquier día y tomarnos por la calle un café del Starbucks me parece un planazo. Con Pablo mis otros hijos que nos acompañan disfrutamos como nadie de la fiesta del siguiente maratón como si fuera el día del estreno. Me ilusiona ir a la Vía Verde de la Sierra Norte con Pablo y Maite, que por estar asfaltada nos permite caminar kilómetros y kilómetros con la silla de ruedas. Disfruto con mis libros de arte indagando cosas nuevas para mis alumnos. Me ilusiona que mis alumnos me paren por la calle, me envíen wasaps y, sobre todo, ayudarles en algo o en cualquier cosa.

 

Sueño con escaparme una semana con Maite a Cazorla para morirnos de frío caminando y entrar en calor después en la chimenea con un libro y un Baileys. Sueño con vivir solo con lo que cabe en una mochila y volver al Camino de Santiago, a Islandia, al West Highland Way o a Noruega. Sueño con subir el Kilimanjaro, atravesar los bosques canadienses y con helarme en la Patagonia. Sueño con viajar los siete y reírnos hasta de que nos roben a los pies de la Torre Eiffel y revivir Roma con los chicos de mi parroquia. Sueño con que mis nietos les lloren a sus padres para que el abuelo los lleve de ruta por el campo. Ilusiones y más ilusiones. Sueños y más sueños.

 

Las ilusiones y los sueños están bien, sí, pero ¿qué es lo que realmente quiero? ¿Qué es lo que realmente merece la pena?

 

Los sueños están bien hasta que me envenenan. Hasta que me dicen que son imprescindibles. Hasta que me dominan y me hacen creer que sin ellos nada merece la pena. Un sueño se envenena cuando me dice que es lo único y lo vivo como lo único y no soy capaz de ver más allá, ni de disfrutar del otro millón de cosas.

 

SEXTO Y ÚLTIMO CLICK: SOBRE LO QUE DE VERDAD MERECE LA PENA.

¿Que qué es lo que merece la pena? Merece la pena ver a Maite cada mañana y pensar qué quiere y qué necesita, antes de pensar qué es lo que yo quiero. Merece la pena sacar a Pablo a dar un paseo, sobre todo en los días en los que él no está de humor y me hace pasar un mal rato: solo entonces sé que lo hago por él y no por mí. Merece la pena tomar un café en el bar de debajo de casa con Laura o con Miriam y charlar de lo que hemos hecho por la mañana y de lo que se nos antojaría hacer el próximo verano. Merece la pena escuchar a Mario y preocuparme por sus preocupaciones y por sus dificultades. Merece la pena entrar en casa reventado y ponerme las zapatillas, para volvérmelas a quitar sin ninguna gana cuando Ana me dice: hoy me alegrarías el día si me llevas a comer una hamburguesa antes de seguir estudiando.

 

Merece la pena llamar a mis padres para tener la conversación de todos los días, antes de hacer eso que tanta prisa me corre. Merece la pena que se venga a casa Alegría, la madre de Maite, con su silla de ruedas y sus manías solo por ver la cara que se le pone por estar aquí unos días. Merece la pena salir a correr con Pablo cuando todo me duele en esos días en los que lo único que me gustaría es perderme solo.

 

Y han merecido la pena estos cuatro meses de eterna recuperación solo por ver cómo mis hijos se han ocupado y preocupado más que nunca, no solo de mí, sino de Pablo. Solo por eso ya ha merecido la pena. Han merecido la pena por ver cómo Maite se desvive y, algo que no puedo entender muchas veces, además con una sonrisa.

 

Y es que, al fin y al cabo, la vida no está aquí ni allá, ni en correr ni en la montaña. La vida está mucho más cerca: está en el otro.

 

¿Que qué quiero? Tener un corazón que piense menos en sí mismo y esté en lo que verdaderamente merece la pena, que es darse.

 

Por eso, tantas veces, los sueños y las ilusiones son un eufemismo de puro egoísmo. Muchas veces los sueños e ilusiones solo sirven para encerrarme, para refugiarme en mí mismo y ver a todo el que me rodea como el enemigo, como el que viene a quitarme, como el que me impide cumplir esos sueños. Llegados a ese punto, los sueños e ilusiones, que en un principio son tan necesarios y me hacen tanto bien, se transforman en un problema, en un gran problema: en el auténtico impedimento para ser feliz. En el impedimento para ver al otro.

 

TERMINANDO...

Así que, nada, con este deseo comienzo mi segunda convalecencia. El quirófano de ayer ya se me desdibuja y miro hacia delante, hacia los meses que se me abren en el camino de los próximos meses. Tiempo habrá de ver cómo queda todo y qué ilusiones y sueños siguen teniendo cabida en mi mochila. Solo espero llegar a la noche con la satisfacción del deber cumplido, con la satisfacción de no haberme encerrado en mí mismo, con la satisfacción de haber puesto primero lo que es verdaderamente importante y va antes.

 

¿Y mañana? Pues mañana coge lejos. Mañana será otro día en su devenir, pero espero que termine de la misma manera. Como siempre digo a mis alumnos “hagas lo que hagas, hazlo siempre para alguien”. Y que las ilusiones y los sueños nunca nos dominen y esclavicen hasta impedirnos disfrutar de todo lo que tenemos, que es mucho.

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