
En ese contexto aparecerá la figura de Benito Mussolini. Convertirá a sus ”fasci de combate” en Partido Nacional Fascista y a él recurrirán los sectores más conservadores, incluida la monarquía, para reprimir los movimientos obreros. Los ecos de la Revolución Rusa son cercanos y se teme que dichos movimientos puedan derivar en una revolución social. No mucho después, el mismo rey cederá a la presión de Mussolini nombrándolo jefe del gobierno italiano.
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