miércoles, 5 de mayo de 2010
2. La Revolución de 1905.
A principios del siglo XX la situación en Rusia se complica. Al malestar ya descrito hay que sumar la sucesión de crisis de subsistencia y el fracaso en las guerras contra Japón. En efecto, los intereses coloniales en el extremo oriente enfrentaron a Rusia y Japón en distintas guerras, las últimas en 1904 y 1905 que se saldan con la victoria nipona.
Los movimientos sociales y huelgas se suceden en los principales focos industriales. Las primeras reivindicaciones se dieron en la ciudad de San Petersburgo. Una muchedumebre se dirige a la residencia de invierno del Zar, con la pretensión de hacerle llegar una serie de peticiones: convocatoria de una asamblea constituyente, mejoras salariales, jornada de ocho horas, libertad de sindicación, etc. Pero por respuesta obtuvieron una violenta represión que se saldó con más de mil manifestantes muertos, acontecimiento que ha pasado a la historia con el nombre de “Domingo Sangriento”.
Ante estos terribles hechos, los motines se suceden: es la conocida como Revolución de 1905. Los obreros se organizan en soviets y paralizan los sistemas productivos. Poco después incluso surgen nuevos brotes revolucionarios apoyados por facciones del ejército, como la célebre sublevación del acorazado Potemkin en el puerto de Odessa.
Ante el curso de los acontecimientos el zar se vio obligado a realizar una serie de concesiones, como la de volver a convocar a la Duma. No obstante, el zar se reservaba casi todo el poder, incluido el cesar al gobierno en cualquier momento, por lo que en la práctica nada cambió en la dirección del Imperio .
Pero la revolución de 1905 había dejado patente no solo el descontento de la nación, sino la fuerza del campesinado y proletariado y cómo dicha fuerza podía ejercer una presión que podía cambiar el curso de los acontecimientos. Había sido todo un ensayo para la posterior Revolución de 1917.
Los movimientos sociales y huelgas se suceden en los principales focos industriales. Las primeras reivindicaciones se dieron en la ciudad de San Petersburgo. Una muchedumebre se dirige a la residencia de invierno del Zar, con la pretensión de hacerle llegar una serie de peticiones: convocatoria de una asamblea constituyente, mejoras salariales, jornada de ocho horas, libertad de sindicación, etc. Pero por respuesta obtuvieron una violenta represión que se saldó con más de mil manifestantes muertos, acontecimiento que ha pasado a la historia con el nombre de “Domingo Sangriento”.
Ante estos terribles hechos, los motines se suceden: es la conocida como Revolución de 1905. Los obreros se organizan en soviets y paralizan los sistemas productivos. Poco después incluso surgen nuevos brotes revolucionarios apoyados por facciones del ejército, como la célebre sublevación del acorazado Potemkin en el puerto de Odessa.
Ante el curso de los acontecimientos el zar se vio obligado a realizar una serie de concesiones, como la de volver a convocar a la Duma. No obstante, el zar se reservaba casi todo el poder, incluido el cesar al gobierno en cualquier momento, por lo que en la práctica nada cambió en la dirección del Imperio .
Pero la revolución de 1905 había dejado patente no solo el descontento de la nación, sino la fuerza del campesinado y proletariado y cómo dicha fuerza podía ejercer una presión que podía cambiar el curso de los acontecimientos. Había sido todo un ensayo para la posterior Revolución de 1917.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario