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El poner las notas aquí en el blog viene para dar respuesta a dos necesidades: la primera que el alumno tenga su nota cuanto antes (no solo es de agradecer, sino que, además, hace que la nota sea verdaderamente útil); y la segunda para que los padres, sin duda, también sepan, lo antes posible y a tiempo, cómo marchan sus hijos.

Es por esto que se ruega que no se hagan circular por otros lugares y otros modos para evitar que se saquen de contexto.

No obstante, si alguna familia tiene problemas con conocer las notas de su hijo por anticipado aquí en el blog, no tiene más que hacérmelo saber.

martes, 23 de junio de 2015

Y, al final, llegó el final.

A mis queridos "pequeños amigos".

En este momento se me agolpan un montón de recuerdos en la cabeza que se confunden con sentimientos encontrados. Todo quiere salir a la vez y todo se me atasca.

Me vienen siempre aquellos primeros días en los que veías a aquel profesor que dejaba correr las horas. Más de uno pensaba que había que dejarlo fluir, que así iba pasando el tiempo y de Historia nada de nada. Se frotaban las manos. Ese extraño profesor con camiseta de muñecos y las NB de los cordones amarillos no hacía más que hablar y hablar. ¿Era profesor o monologuista?

Decía cosas sorprendentes como que su asignatura no era importante y que cualquier materia que no nos enseñara a pensar, a opinar y a ser uno mismo era tan inútil como la Historia así vista. Que si querías saber lo que era importante para una persona no había que preguntarle, sino solo mirar a lo que dedicaba el tiempo.

Y cuando por fin comenzó a dar clases pasó lo que pasó: la vida. Un viernes dijo buen fin de semana, nos vemos el lunes... Y sí, nos vimos el lunes, un lunes de tres meses más tarde. La vida nos da sorpresas y nos sorprende: no hay contenedor que pueda contenerla y encerrarla. El futuro es eso que creemos que va a ser y que, tantas veces, es otra cosa.

Pero el profesor volvió a la carga. ¿Las clases? Hombre, Historia lo que es Historia, sí que daba. Eso es innegable. La cuestión no es si la daba, sino cuánto tiempo le dedicaba. Lo importante es aquello a lo que dedicamos el tiempo.

Espero no haber sido para vosotros un obstáculo. Espero que perdonéis tantas veces como no habré sabido tanta Historia como se me presupone. Espero no haber sido demasiado charlatán, de esos que prometen tantas cosas, de esos que generan ilusiones y que luego se desinflan, desilusionan y quedan en nada, dejando esa sensación de vacío y frustración.

Espero, por el contrario, haber sabido llenar vuestras cabezas de pájaros, muchos pájaros multicolor. Porque eso es la vida: como los pájaros, que siempre vuelan siempre se mueven pero nunca sabes de dónde vienen ni adónde van. Son responsables y se dan, se dan a los suyos, pero son libres. Saben distinguir lo importante de lo superfluo, y saben que importante son tan pocas cosas... Los pájaros inspiran ternura y tiene el extraño privilegio de despertar hasta en los hombres la admiración: ¡¡¡¡Saben volar!!!!

¡¡¡Volad, pequeños amigos, volad!!!! Pero volad más alto. Eso sí, nunca voléis solos. Solos no. No perdamos de vista que la vida es entrega, es darse; la vida, mi vida, está en el otro, está en ti. Sé valiente, date sin miedo. Nunca solo. Búscate en los otros. Y si es necesario ve con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo que importa llegar solo ni pronto, sino llegar con todos y a tiempo.

Momento agridulce el de la despedida. Hoy más agrio que dulce, sí, pero poco a poco, en solo unos días, saborearemos la dulzura: la dulzura de las vacaciones, sí, pero sobre todo la dulzura de haber vivido tanto, de haber vivido un viaje fantástico, de haber encontrado otros otros en lo que darnos.

Por mi parte, ya me conocéis, vuestros nombres tienen una temprana fecha de caducidad -qué le voy a hacer, defecto de fábrica al que no sé poner remedio-, y vuestros rostros terminaran mezclándose en mi cabeza con otros otros pasados y otros otros por venir. Pero eso no importa, porque un día nuestros caminos se cruzarán y desde el otro lado de la calle yo escucharé ese ¡profe! y tú me recordarás y yo te recordaré y me alegrarás el día. Qué demonios.

Hablaremos, claro que sí, y espero saber de vosotros. Y, os aseguro, que me importa un rábano bien fresco que seáis abogados o arquitectos, médicos o ingenieros, artistas o banqueros, directores, jefes o presidentes del gobierno. Qué estupidez: vanidad de vanidades, todo es vanidad. Espero veros convertidos, sencillamente, en buenas personas, en gente que sabe darse, que sabe compartir, en gente contentos con lo que hacen, en gentes que saben servir a los otros. Ojalá encontréis muchos otros a los que daros, muchos otros a los que servir. Sed valientes, no seais timoratos daos a los demás con valentías. No cambiéis el mundo, no, sed valientes y cambiad el vuestro.

Vine septiembre con la mochila llena, todo lo llena que pude. Di todo lo que pude, hasta vaciarla, no supe dar más. Pero cuando ahora en junio la cojo de nuevo, siento que pesa mucho más que antes. Y con lágrimas en los ojos compruebo que una vez más el milagro se ha producido: cuánto más das, más tienes y es que me llevo una parte de todos vosotros en mi mochila.

Desde que en el año 1988 comencé a jugar a los piratas, los alumnos me conocían como el Capitán, el Capitán Barbanegra. Y aunque lo del color vamos a dejarlo, sigo teniendo la enorme suerte de contar curso a curso con tanto pirata en mi barco, a los que espero no haber dificultado y a los que, por qué no, espero haber transmitido un poco de entusiasmo, una gran dosis de ilusión, la satisfacción del deber cumplido y la valentía de intentar ser uno mismo.

Siempre vuestro,

El Capitán.

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